Relajarse es un hábito, no un momento único. Algunas pequeñas señales repetidas cada noche le enseñan a tu cuerpo que es hora de bajar el ritmo.
Atenúa la habitación
Una hora antes de acostarte, cambia a una luz tenue y cálida. Enciende una vela o una sola lámpara y deja las luces del techo apagadas.
Añade aroma
Un difusor con lavanda o cedro, o una vela de soja de combustión lenta, se convierte en una señal con el paso del tiempo. El mismo aroma cada noche hace que la rutina resulte familiar.
Algo cálido, algo suave
Una taza de té sin cafeína y una manta de punto grueso en el sofá hacen que sea fácil dejar el teléfono y leer unas cuantas páginas.
Bloquea la luz
Un antifaz de seda para dormir ayuda si tu habitación nunca está totalmente a oscuras. La seda, fresca y suave, es delicada con la piel y es fácil olvidar que lo llevas puesto.